Domingo, 07 de febrero de 2010

Este proyecto busca devolverle a la Tierra un poco de lo que le hemos quitado con la emisión de gases contaminantes y, aunque no resuelve el problema de fondo, es una iniciativa digna de revisar

Una de mis actividades favoritas en el mundo es echarme boca arriba en un lugar al aire libre, mirar al cielo y buscarle una forma conocida a las nubes. Por eso comprenderá mi sorpresa al descubrir que una de ellas puede haber sido creada artificialmente en una “fábrica de nubes”.

Así como leyó. Dos científicos británicos, Stephen Salter y John Latham, desarrollaron una nueva tecnología que, en opinión de ambos, podría resolver el problema del calentamiento global.

Cómo funciona

De manera natural, las nubes que vemos cerca de la superficie del mar frenan parte de la luz solar que, de otro modo, calentaría las aguas del océano.

Es por ello que, si hubiera más nubes sobre el océano y éstas a su vez pudieran reflejar un poco más el calor que reciben, la temperatura de las aguas sería cada vez menor.

Este experimento consiste en amplificar la cantidad de luz solar que reflejan las capas superiores de las nubes bajas, las cuales cubren cerca de la cuarta parte de la superficie oceánica, a fin de evitar que se calienten las aguas de los mares.

Para lograrlo, ambos científicos diseñaron un barco controlado vía satélite (de manera que no requiera tripulación) y que está impulsado por energía eólica (completando su carácter ecológico), que despide por sus chimeneas gotas de agua que absorbe del mar a fin de aumentar la densidad de las nubes.

Al tener más agua, las nubes incrementan de manera exponencial su capacidad de refracción, lo que permite contrarrestar el efecto de las emisiones de dióxido de carbono tal y como lo indicó Salter, uno de sus creadores.

Defensores y detractores

Como suele suceder, son muchas las voces a favor y en contra de esta idea.

Por una parte, el grupo de ambientalistas más conservadores indican que se estaría “vendiendo el sofá” con esa iniciativa, ya que el verdadero problema radicaría en el hecho de que las grandes industrias no se terminan de comprometer en la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Además, uno de los principales retos del experimento es lograr el diseño de un sistema de rociado que no se bloquee con el plancton presente en la superficie marina.

Con respecto al primer punto, Salter se defiende: “Nuestro mensaje es que hay que recortar las emisiones en todo lo que se pueda, pero de lo que no se puede reducir, de eso, nos encargamos nosotros”.

Otro elemento digno de mención tiene que ver con los costos asociados a este experimento y a su puesta en práctica, ya que se calcula que se necesitarían lanzar en el mundo y de forma constante entre ocho y nueve metros cúbicos de gotas de agua por segundo.

Esto significaría poner en circulación por los océanos unos 1.900 barcos. Si calculamos su precio a US$1.600 millones por unidad, el costo total de la inversión sería alrededor de los U$500.000 millones.

La flota cruzaría una y otra vez el Océano Pacífico sin parar de expulsar agua salada hacia la atmósfera. Toda esta infraestructura significaría tan sólo 3% del presupuesto total previsto para luchar contra las emisiones de dióxido de carbono.

A las voces preocupadas por lo que podría ser un desvío innecesario de recursos, Salter les responde con un paralelismo: “Es como decir que los pilotos no deben llevar un paracaídas porque no se preocuparán por pilotar su avión correctamente”.

El científico reconoce que si bien evitar el calentamiento de los mares no soluciona todos los problemas (porque, entre otras cosas, no resuelve la acidificación de los océanos), al menos resuelve la mitad de ellos.

El largo camino para que el barco pueda zarpar

Contrario a lo que podría pensarse, la manipulación de las nubes no es una idea nueva. Los expertos coinciden en que esta clase de experimentación comenzó en los años cuarenta. De hecho, el proyecto del barco de las nubes tiene por los menos 10 años en circulación.

Ahora bien, resulta útil revisar si será llevada adelante esta vez y se romperá la tradición de quedar en el olvido.

Un factor que podría hacer la diferencia ahora sería el interés de algunas organizaciones como el Centro del Consenso de Copenhague (CCC), un centro de investigación que se dedica a asesorar a los gobiernos acerca de cómo gastar el dinero en proyectos de ayuda.

Asimismo, se espera que la Royal Society -la Academia Independiente de Ciencias del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones- anuncie próximamente que esta iniciativa es una de las ideas de ingeniería más promisorias.

Si el equipo de expertos consigue el financiamiento requerido para desarrollar el proyecto, Salter calcula que el primer prototipo podría ponerse a prueba dentro de cinco años.

Aunque no apunte a la causa del problema, este barco que fabrica nubes permitirá mitigar los grandes daños que la industrialización infringe cada día al planeta Tierra.
Por Yesmín Sánchez / Sala de Espera


Tags: Ecología e investigación

Publicado por Orlando07 @ 7:59 AM
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